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jueves, 18 de abril de 2013

La innovación productiva y los vínculos sectoriales para lograrla


La relación entre el sector público y el privado en materia de innovación es analizada en el contexto actual argentino por Israel Mahler en el ciclo de “Charlas de política científica” que realiza la Dirección de actividades científicas y tecnológicas del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

La gestión de ciencia y tecnología no tiene fronteras geográficas. Fue uno de los puntos tratados por Mahler, expositor principal en la charla titulada “Algunas sugerencias sobre cómo mejorar la relación entre la acción pública en I+D+i y el sector privado”. En este sentido, indica que no hay fronteras nacionales o locales porque el desarrollo del conocimiento necesita cooperación y alianzas que lo impulsen y ayuden a resolver las demandas de la economía y la sociedad. Precisamente esto es un llamado de atención frente a uno de los problemas que presentan las PYMES: poca capacidad de asociatividad entre ellas.

La asociatividad es uno de los aspectos a desarrollar, considerando que la inversión en I+D+i no es fácil para pequeños empresarios que, al decir, de Mahler, son naturalmente desconfiados. Sin embargo, también anota que las PYMES cada vez son más consientes de los elementos externos que son necesarios para su mejoramiento.


La Universidad y su papel en el desarrollo económico

Uno de los actores externos para las PYMES es la universidad, ésta se perfila como un espacio de formación de talento humano pero también como protagonista en la generación de innovación productiva pues, según Mahler, las universidades se están dando cuenta de la importancia de intervenir en la economía real; dos ejemplos citados por el expositor están en la Universidad Nacional del Litoral y la Universidad Nacional de Córdoba, instituciones con experiencias de vinculación en diferentes sectores productivos.

Tanto las empresas como las universidades se ven entre sí como agentes externos, algunas creen que no tienen nada qué ver, otras ven en la relación un campo de oportunidades. Ambos sectores pueden coincidir en su aporte al desarrollo de la sociedad, el punto es saber en qué puede haber complementariedad.

Otras de las herramientas mencionadas para fomentar el vínculo entre universidades y empresas son los GTec, programa apoyado por el Ministerio de CTI que cuenta con fondos nacionales y del Banco Mundial; también la Red de Vinculación Tecnológica – RedVITEC, que, de igual manera, congrega a universidades nacionales y procura la transferencia de conocimiento.


Un Estado que funcione y que promueva el desarrollo económico a través de la innovación

Para lograr que operen los programas y estrategias se necesita de un Estado sólido, que promueva, regule y vincule a los actores de la ciencia y la tecnología para llegar a la innovación y por ende al desarrollo económico. Sin embargo, tanto Israel Mahler como Jorge Cassará, coincidieron en que los modelos existentes no son seguros ni motivan la inversión privada, debido a que lo que hacen las empresas en materia de I+D+i actualmente se ve y se siente más como gasto que como inversión.

Mahler agrega que el gobierno se empeña más en buscar almaceneros de la esquina que a los que especulan en la bolsa o a los bancos para que cumplan con la tributación. El sistema impositivo podría ayudar en las inversiones, siempre que el gobierno tenga una estructura adecuada y capaz para garantizar estrategias sostenibles para la gestión de la innovación.

Por otra parte, Mahler agregó que uno de los roles del Estado es como demandante de bienes y servicios por sus funciones de defensa, salud, etc. Aunque Cassará dice que el desarrollo de innovación no se da sólo a través de leyes sino con el impulso de una “minoría profética” de jóvenes que crean en el conocimiento como motor de desarrollo.


Tensiones y cambio

Para lograr mejoras se necesita un cambio de cultura que sea favorable para la innovación. Cambios no solo en el sistema productivo sino en toda la sociedad. Esto respondió Mahler cuando Miguel Velardez, Director general de Gestión de Actividades Científicas y Tecnológicas, le preguntó lo siguiente: ¿tenemos una masa crítica en el sector empresario que quiera este cambio de cultura? Y es que no se trata sólo de resistencia al vínculo en el sector académico (que aún es fuerte en diferentes instituciones y áreas académicas), sino también en el sector productivo, donde no están dispuestos a asumir riesgos, aperturas o cambios.

Además, Mahler agrega que cuando se piensa por ejemplo en la capacidad de una PYME formada por investigadores, no hay una evaluación del capital intelectual, por eso los balances se hacen sólo en términos financieros sin contar con que el riesgo podría asumirse pues existe el respaldo de personas altamente calificadas.

Son necesarios los cambios, sin embargo, hay tensiones que quedan en discusión, tales como las expresadas por Ángel Castaño, quien afirma que no se puede hacer políticas juntas porque la ciencia y la tecnología tienen tiempos diferentes, además agrega que el científico no debería gestionar la tecnología y la tecnología no la debería gestionar el científico.  Estos puntos quedan en el aire, podrían ser el eje de otra discusión porque la jornada culmina con una invitación a seguir discutiendo en las siguientes charlas programadas por la Dirección General de Actividades Científicas y Tecnológicas.


Detalles del evento:
Ciclo de charlas de política científica
Charla: “Algunas sugerencias sobre cómo mejorar la relación entre la acción pública en I+D+i y el sector privado”
Conferenciante: Israel Mahler
Encargado: Dirección de actividades científicas y tecnológicas, Ministerio de Desarrollo Económico, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires
Fecha: 17 de abril de 2013
Lugar: Auditorio de la Fundación Cassará

domingo, 12 de agosto de 2012

Educación para la competitividad o morir en el intento


En reuniones de universidad-empresa-estado hay un punto en común: hay que mejorar la educación. Lo que no se dice es qué tipo de educación y cuál sería la “mejoría”, a propósito de la calidad. Estamos en pleno auge de la innovación -como tema de moda o como propósito- para el desarrollo de las sociedades. Se trata de usar el conocimiento como factor de producción, de esa manera habrá más riqueza, mayor distribución y por lo tanto bienestar. Es algo comprensible, elemental, diría el empresario que genera empleo y por lo tanto aporta por ese simple hecho.

El espíritu humano es competitivo, se traza metas a partir de la superación personal y del enfrentamiento con otros. Demostrar quién es mejor ha sido un objetivo incluso para realizar los torneos deportivos mundiales. Sin embargo, ¿es necesaria la rivalidad como motivación?, ¿Será una muestra de que no hemos aprendido a convivir?

Los discursos políticos y económicos, mezclados, insisten en la competitividad, en la productividad, y trazan planes donde el trabajo se enfoca en el rendimiento, de esa manera se vuelve más un fin que un medio. Esto llega al sistema educativo, donde cada vez se pierde más la crítica y se asume un compromiso con el mercado: hay que preparar a los empleados para integrarlos al mundo laboral. Esa es la realidad, funcionar bajo presión, para la competencia que busca ganadores y perdedores.

Es esa misma competencia la que nos está matando. Actualmente no hay lucha de gladiadores pero aún hay personas que disfrutan del espectáculo: ver caer a otros. En estos días está puesta la atención sobre el bullying o matoneo escolar, eso refleja la descomposición que viven nuestras sociedades. El intento de opacar al otro es un problema diario, creemos que sólo el bullying es violento, sin contar con que el entrenamiento para acumular dinero y bienes también lo es. La medida del éxito se traza por la capacidad financiera y de figuración.

La comunicación tiene mucho que ver en esto. Vivimos en un mundo más interconectado debido al desarrollo de la tecnología, pero parece que eso no es suficiente porque cada vez hay más incomunicación. No se trata entonces sólo del dispositivo sino de la disposición para compartir y convivir respetando las diferencias. Mientras tanto, seguimos impulsando la competencia, usando la diferencia, no desde la tolerancia sino desde la exclusión, impulsándola como única vía sin pensar que en la cooperación, en la colaboración, en la ayuda mutua, hay más salida que en las metas e indicadores aplastantes de una economía cada vez más vil.

Más allá de la reflexión quedan los hechos, basta ver esta noticia:

"El suicidio se consolida como la muerte más común entre jóvenes surcoreanos"

Video: EFE


jueves, 16 de febrero de 2012

¿Qué es prioritario para el desarrollo de un país?


Una nota muy apresurada y limitada de la revista Semana da a entender que la formación de doctores no aporta lo que debería al desarrollo del país. Sin ofrecer un análisis riguroso y serio presenta pocos datos sin fuentes, acompañados de puntos de vista que en lugar de informar desinforman y subestiman la labor de la educación en el desarrollo social y cultural.

¿Qué es entonces lo prioritario? Debe ser que nos estamos midiendo en comparación con países “desarrollados” aspirando igualarlos sin contemplar nuestras propias condiciones. A lo mejor el desarrollo está equivaliendo a tener más dinero para gastar y el consumo es el nuevo centro de la vida en nuestras sociedades. Como si la riqueza en términos financieros fuera la meta que diferencia la buena de la mala vida.

Insertarse en el sector productivo es apenas una parte del proyecto de vida. Si bien es necesario tener trabajo para lograr ciertas expectativas, no todo puede ser reducido a transacciones. Menos aún cuando se necesita de ciudadanos conscientes del mundo en el que viven. En esto juegan un papel muy importante las ciencias sociales y humanas, desestimadas en la nota de la revista, dando a entender que hacen parte de ese sector no prioritario que no está contribuyendo al desarrollo del país.

Además, vemos cómo la innovación sigue siendo asociada sólo a la realización de negocios con el conocimiento, cuando su origen está asociado a las prácticas más antiguas donde los seres humanos necesitaban desarrollar su creatividad para mejorar sus condiciones de vida.

La idea de lo prioritario es muy tentadora. Podría ser que necesitáramos más infraestructura pero a costos ambientales altos; podría ser que necesitáramos aire, aunque el asfalto deja rodar más suave a los carros. Necesitamos médicos pero de los que piensan en el bienestar de su paciente, no en evacuar la mayor cantidad de citas al día. ¿Qué es entonces el bienestar?, ¿una ecuación donde se calcula la cantidad de ingresos frente a su gasto y segmentación? Necesitamos ingenieros, pero resulta que no faltan los que digan que la corrupción es inherente al ser humano, ¿entonces la legalidad y los valores no son oportunos para el sistema productivo? Si vamos a hacer cuentas seguro no serán los números los únicos que nos muestren respuestas.

Se nota que le falta conocimiento a quien redactó la nota, considerando que para redactar algo decente no tendría que cursar un Ph.D., si es que sabe lo que significa esa sigla.


Vea la nota de la revista Semana y saque sus conclusiones: http://goo.gl/IPf76